Muchas veces, cuando aparece el tema de género en ambientes menos interesados en este asunto, me preguntan:
¿Por qué en lugar de «feminista» no te reivindicas como «humanista» o «igualitarista»?¿No era que el feminismo era un humanismo?Las razones son dos principalmente:

  1. El movimiento humanista no ha defendido históricamente la igualdad entre varones y mujeres

Muchos humanistas eran también grandes misóginos. Tomemos el ejemplo del iniciador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertin. Está asociado en todo el mundo a los ideales de paz y de igualdad supuestamente celebrados por los Juegos.En realidad, su concepto de igualdad se limitaba a la igualdad entre los varones: consideraba que los Juegos Olímpicos debían ser vedados a las mujeres, porque su participación sería «no práctica, desprovista de interés, antiestética e (…) incorrecta». Los Juegos, pensaba, deben buscar «la exaltación solemne y periódica del atletismo macho con el internacionalismo como base, la lealtad como medio, el arte como marco y el aplauso femenino como recompensa».

Y sin embargo, todavía hoy en día, se considera a ese misógino como un gran humanista, y muchos estadios, gimnasios, etc., llevan su nombre.

¿Y qué pensar de los masones, estos humanistas destacados, que celebran la libertad, la tolerancia, la justicia social, la paz, pero que en sus estatutos rechazaban a «los siervos y las mujeres», y entre quienes todavía hoy en día perdura la idea de que las logias no deben ser mixtas?

El humanismo nunca fue ninguna garantía para las mujeres. Hizo falta un movimiento específico de defensa de los derechos de las mujeres para que ellas pudieran ser consideradas ciudadanas y gozar de los mismos derechos que los varones (derecho de votar, de trabajar, de tener una cuenta bancaria. de viajar, de tener o no hijxs, de compartir la patria potestad, de casarse, de divorciar, de tener el mismo salario que ellos, de ser dueñas de su cuerpo, cosas que hoy en día, todavía no están garantizadas).

Entonces sí, el feminismo es un igualitarismo, pero la palabra «feminista» permite visibilizar a las mujeres y su lucha específica, y subrayar el hecho de que son ellas las primeras víctimas del patriarcado.

El feminismo lucha por la igualdad entre varones y mujeres, pero esa igualdad se alcanzará cuando se deje de oprimir, maltratar, denigrar a las mujeres, y cuando se acaben con los estereotipos de género que atribuyen a unas y otros cualidades distintas.

  1. La otra razón tiene que ver con la historia de la palabra «feminista».

La palabra nació en Francia en el siglo XIX. Durante mucho tiempo, se pensó que la palabra había sido inventada por el filósofo socialista (y favorable a la igualdad entre varones y mujeres) Charles Fourier, quien presenció los inicios del movimiento feminista moderno allá por 1830.

En realidad, el término ya se usaba en medicina. Designaba un trastorno de desarrollo en los varones, que afectaba su «virilidad» y les hacía parecer femeninos.

Pero el primero en usar ese término para designar a las mujeres que luchaban por sus derechos fue en realidad el escritor francés Alexandre Dumas hijo. En 1872, publica «El hombre-mujer»,en el que se burlaba:

«Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón».

A partir de ese neologismo, la palabra se difundió como una manera despreciativa de designar a las mujeres que luchaban por sus derechos.

Hasta que la sufragista francesa Hubertine Auclert se apropió de la palabra en 1882, del mismo modo que las personas «queer»se apropiaron de ese término, que en un principio era una manera negativa de designar a las personas «raras».

Pero ¿qué busca el feminismo? Si bien soy consciente de que no podemos hablar de feminismo si no de feminismos en plural, he recogido algunas ideas generales de lo que pretende alcanzar.

“El feminismo no quiere imponer un matriarcado basado en la violencia contra el hombre, como ha sido el patriarcado hasta ahora. No desea dejar a los hombres sin voto, ni violarlos en las guerras, ni mutilar sus genitales en pro de una tradición cultural, ni confinarlos en el ámbito doméstico, ni quiere matarlos por adulterio. El feminismo no pretende que los hombres sean propiedad de sus madres y luego de sus mujeres, ni desea que los hombres cobren salarios más reducidos, ni tampoco querría desterrarlos de las cúpulas de poder mediático, empresarial y político. No quiere traficar con cuerpos masculinos para el disfrute de los femeninos, ni desea que los niños varones estén desnutridos o abandonados en orfanatos, ni, por supuesto, promovería su marginación social o económica. Tampoco vetaría que los niños varones pudiesen ir a la escuela, ni les prohibirían el acceso a la sanidad y la Universidad. Comprendan que eso es una locura que no promueve el feminismo.”

Coral Herrera Gómez

El texto que sigue está sacado del libro de “Feminismos para no feministas” escrito por Rosario Hernández Catalán, y me parece una manera bastante divertida de acercar el feminismo para aquellas personas que lo rechazan.

“Si eres una chica, una mujer, o un hombre, que no tiene muy claro qué es el feminismo o que incluso lo mira con recelo, entonces este libro sí que puede aportarte algo. Puede entretenerte, por la novedad, y puede incluso llegar a sacarte de quicio. De momento pasas del feminismo, de hecho te da algo de grima vernos a las feministas en las manifestaciones. Te parecemos paranoicas, ridículas, excesivas, cursis, pesadas, poco objetivas, feas, etc. Estás en tu derecho. Te voy a poner un listado de cosas que hoy puedes hacer y que hasta hace muy poco no podías. Cosas normalillas, vaya, nada del otro mundo. Este oxígeno tan de andar por casa que hoy respiras sin darte cuenta, este oxígeno, se lo debes al feminismo. Ni más ni menos. Ahí va la lista, que no es mía, sino anónima:

  • Si eres mujer y… puedes votar, agradéceselo a una feminista.

  • Recibes igual salario al de un hombre por hacer el mismo trabajo, agradéceselo a una feminista.

  • Fuiste a la Universidad en lugar de dejar los estudios después del bachillerato para que tus hermanos pudieran estudiar pues “tú de todos modos simplemente vas a casarte”, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes solicitar cualquier empleo, no sólo un “trabajo para mujeres”, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes recibir y brindar información sobre control de la fertilidad sin ir a la cárcel por ello, agradéceselo a una feminista.

  • Eres médica, abogada, pastora1, jueza o legisladora, agradéceselo a una feminista. practicas un deporte profesional, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes usar pantalones sin ser excomulgada de tu iglesia o sacada del pueblo, agradéceselo a una feminista.

  • A tu jefe le está prohibido presionarte a que te acuestes con él, agradéceselo a una feminista.

  • Eres violada pero el juicio no se trata sobre el largo de tu vestido o tus novios anteriores, agradéceselo a una feminista.

  • Inicias negocio y puedes obtener un préstamo usando sólo tu nombre y tus antecedentes de crédito, agradéceselo a una feminista.

  • Estás bajo juicio y se te permite testificar en tu propia defensa, agradéceselo a una feminista.

  • Posees propiedad que es únicamente tuya, agradéceselo a una feminista.

  • Tienes derecho a tu propio salario aun si estás casada o hay un hombre en tu familia, agradéceselo a una feminista.

  • Obtienes la custodia de tus hijas e hijos tras un divorcio o una separación, agradéceselo a una feminista.

  • Tienes voz en cómo criar y cuidar a tus hijas e hijos en lugar de que los controle completamente tu esposo o su padre, agradéceselo a una feminista.

  • Tu marido te golpea y esto es ilegal y la policía lo detiene en vez de sermonearte sobre cómo ser una mejor esposa, agradéceselo a una feminista.

  • Se te otorga un título después de ir a la Universidad, en lugar de un mero certificado de haber completado los estudios, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes amamantar a tu bebé, eso sí, todavía discretamente, en un lugar público y no ser arrestada por ello, agradéceselo a una feminista.

  • Te casas y tus derechos humanos civiles no desaparecen dentro de los derechos de tu esposo, agradéceselo a una feminista.

  • Tienes el derecho a rehusar tener relaciones sexuales con tu esposo, agradéceselo a una feminista.

  • Tienes derecho a que tus registros médicos confidenciales no sean divulgados a los hombres de tu familia, agradéceselo a una feminista.

  • Tienes derecho a leer los libros que desees, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes escoger ser madre o no cuando tú quieras y no según los dictados de un esposo o un violador, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes esperar vivir hasta los 80 años en vez de morir entre los 20 y 30 a causa de embarazos ilimitados, agradéceselo a una feminista.

  • Puedes verte como una humana adulta plena, y no como una menor de edad que necesita ser controlada por un hombre, agradéceselo a una feminista.

Después de esto no deberías necesitar leer el resto del libro, pero el machismo, la misoginia y el antifeminismo calan hasta lo más profundo, son miles de años de manipulación, así que supongo que necesitarás más argumentos, porque seguro estarás pensando que todos estos derechos de la lista son “cosas normales” y no son cosa del feminismo. Lo comprendo. Comprendo que no te consideres feminista y que pienses que todos estos derechos y libertades se deben a la normalidad, al cambio de la Historia, a cosas del progreso. Pero la Historia no es una señora que va pasando lanzando derechos como los Reyes Magos lanzan caramelos en la Cabalgata. La Historia tampoco son unas élites, más o menos progresistas, que redactan leyes más o menos a nuestro favor según se les pasa por la cabeza. Porque eso parecen reflejar los libros de historia y los falaces telediarios. No, de no haber sido por la lucha de nuestras abuelas, madres y hermanas feministas ahora no podrías disfrutar de ninguna de esas obviedades, de ninguna de esas cosas tan normalitas como poder ir a la Universidad sin tener que disfrazarte de hombre. Los derechos se conquistan tras mucha batalla moral y corporal. Y las personas que se dedican desde hace siglos a conquistar más derechos para las mujeres se llaman feministas. Y hoy estás donde estás gracias a ellas. Por ser justas, también buena parte de esas conquistas se las debemos a mujeres valientes, que sin ser estrictamente feministas, demostraron tenacidad y lucidez en su vivir cotidiano. Son feministas difusas o instintivas. Por ejemplo, si tu abuela formó parte de la Asociación de Vecinos del barrio y era de las más responsables y de las que más trabajaba por el barrio, tu abuela, siendo un referente de activismo vecinal, fue un impulso importante para que hoy tu presencia en todo tipo de luchas colectivas sea vista con normalidad. Ya no te van a decir que te vayas a fregar a casa gracias a la lucha concreta feminista, por un lado, y al ejemplo de mujeres valientes y activas como tu abuela no específicamente feministas, por el otro. O si tu abuela, cuando una vecina se quedaba embarazada, lejos de criticarla por “ligera de cascos”, la defendía de las críticas de otras mujeres u otros hombres, tu abuela, sin saberlo, estaba haciendo feminismo. Si tu abuela se empeñó en que tu madre estudiara una carrera, porque no quería que le pasase como a ella, que toda la vida le gustaron los libros, pero que no pudo estudiar porque se invirtieron todos los esfuerzos en el hermano varón, tu abuela sin saberlo estaba haciendo feminismo. Un feminismo instintivo y cotidiano de incalculable valor. Y si tú no le ríes las gracias al jefe, que no para de comentar el escote y “las pintas” de una compañera, y además le paras los pies, estás haciendo feminismo. Mientras asumas éstos y otros muchos comportamientos como algo por completo inherente a tu vida, como algo de sentido común que no vas a discutir, mientras lo hagas y lo asumas, aunque reniegues de las feministas, me vale. Que asumas como “normal” cosas que en un día bastante cercano costaron sangre, sudor y lágrimas es un éxito feminista en plano material, un éxito feminista en el plano de los hechos concretos y cotidianos, pero es a la vez un fracaso nuestro en el terreno del marketing, del saber vender nuestro hermoso ideario. Hemos fracasado como proselitistas porque la palabra feminismo provoca rechazo pero nuestras conquistas se asumen de manera natural. Tampoco es grave, de momento. Mientras las personas que no se reconozcan a sí mismas como feministas tengan claro que no van a asumir ningún recorte de libertades, derechos y responsabilidades de las mujeres por cuestión de sexo, mientras las mujeres no estén dispuestas a ir hacia atrás ni para coger impulso, da lo mismo que no les guste la palabra feminismo. Llámate como quieras, llámate percebe, andarica o rana, niégate a llamarte feminista, pero compórtate como tal. De momento, para esta introducción, con eso me conformo. De momento. Pero para no pecar de ingenuas es urgente denunciar que el listado de derechos sirve para unas pocas y desde hace muy poco. Suponiendo que seamos 6.000 millones de habitantes en el mundo, suponiendo que la mitad seamos mujeres, es decir, 3.000 millones, echando cálculos así un poco por lo alto, de esas 3.000 millones de mujeres tan sólo 500, y puede que me quede larga, disfrutan de esta lista de derechos. 500 millones de 3.000 millones. Sólamente. El resto de las mujeres del planeta son vapuleadas, ninguneadas, basureadas, vejadas, vilipendiadas, humilladas, maltratadas… País por país, mujer por mujer y edad por edad, la lista de miserias es enorme. A fecha de hoy las cosas que ves tan normales como conducir, declarar en un juicio, entrar en una cafetería, estudiar, rechazar tener sexo con quien no quieres, tener dinero propio sin que sea de tu padre o marido, tener novia sin temor a que te linchen, controlar tu natalidad, ejercer como abogada o carpintera, etc., etc., a fecha de hoy, unas 2500 millones de mujeres del planeta siguen sin poder hacerlas.

Por lo tanto y a modo de conclusión, como dice la autora, reniega si quieres de la palabra feminista, llámate igualista en el discurso, si luego en la práctica estás haciendo todo lo posible para que las personas tengamos la posibilidad y la dignidad reales de desarrollarnos como personas iguales en derechos.

¿Me seguirás diciendo que la lucha feminista es ridícula, que está todo conseguido? Si ni siquiera está conseguido todo en este país, pues de las leyes a la práctica cotidiana hay muchísimo trecho, cómo vamos a atrevernos a hablar del planeta entero. Por nuestras leyes podemos parecer un país muy igualitario, pero la realidad sigue atascada en el machismo. Y ten además siempre en cuenta que la lucha feminista es una lucha internacional. Como se suele decir, hasta que no caiga la última cadena de la última mujer, ni tú ni yo seremos por completo libres.

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