La teoría queer es un conjunto de ideas que pone en el centro el género, las identidades sexuales y sus orientaciones como constructo social. Es decir que lejos de ser elementos innatos y biológicos, estas últimas etiquetas han sido cuidadosamente elaboradas para clasificar a las personas en un puzzle social heterocentrado y patriarcal. Así mismo, reivindica el lugar de sexualidades –otras- mucho más diversas y complejas, no adscritas a ese sistema de género, como parte del amplio abanico que nos encontramos en nuestra realidad social (o en nuestra sociedad real). Autor@s tan reconocidas como Buttler, Rubin, Sedwick o Witting entre otr@s beben de teorías y líneas de pensamiento antes enunciadas por Foucault y Derrida para conformar los pilares teóricos de este movimiento. Sin embargo, al enmarcar este último en unas estructuras tan «academizadas», necesarias pero no suficientes para explicar y analizar una coyuntura que se viene prolongando desde tiempos inmemoriales, corremos el riesgo de olvidar la génesis de esta teoría como movimiento político y contestatario alejado del mundo académico.

En esta línea, Sáez y Carrascosa editan Por el Culo: Políticas Anales, libro donde ponen en el centro al antihéroe por excelencia, el culo. Quieren los autores a través de este despreciado personaje devolver el lugar que corresponde a lo abyecto, a lo odiado, a lo temido pero desde una perspectiva menos oficialista, saltándose los cánones de lo políticamente correcto, sin perder ni un solo atisbo de seriedad y coherencia en su línea argumentativa.

Un libro que no tiene desperdicio de principio a fin, que se opone al discurso dominante de manera La teoría Queer. Por el Culo: Políticas Analesdescarada y sin pelos en la lengua, huyendo de frases hechas vacías de toda intención, y de cualquier convención estilística pomposa.

En esta original forma de deconstrucción y denuncia, los autores esbozan en una primera parte la genealogía del culo pasando por distintas épocas desde la civilización griega a l@s roman@s, Edad Media, Revolución industrial hasta nuestros días. En una segunda parte reivindican lo que han calificado de “orgullo pasivo” mediante el análisis de diferentes prácticas de exploración anal como el fist-fucking, el desconocido y estereotipado mundo del sado-masoquismo y muchas otras experiencias, gestos y maneras diversas de vivir lo anal.

Es importante subrayar el carácter subversivo y contestatario del culo, pues se instala en un espacio asexuado que no asexual (¿qué persona no tiene culo?) poniendo en tela de juicio siglos de jerarquías sexuales basadas en (ton)teorías “científicoreligiosas” binaristas y demasiado esencialistas y simplistas. Por otra parte, opaca, a través de su genealogía, la delicada frontera, que desde discursos heterocentrados, se ha trazado para separar lo homosexual de lo heterosexual, concluyendo que las prácticas anales, pese a su desprestigio y condena secular, no se han constreñido a una orientación sexual exclusiva.

En una brillante vuelta de tuerca, los autores proponen una nueva tesis colocando al culo como uno de los pilares en la construcción de la masculinidad, arrebatándole protagonismo a los genitales, al gran y amado pene en este caso, que ha ocupado y ocupa el centro de nuestra socialización como hombres. Un culo impenetrable, al que no le entra ni “el bigote de una gamba”, como expresaría el ex-seleccionador español, Luis Aragonés, sería sinónimo de hombre heterosexual al uso, mientras que un culo abierto, penetrable, receptivo señalaría la adhesión de la persona a la categoría homosexual.

Es importante, entender en qué contexto se produce este odio a lo anal, recogido en una infinidad de expresiones despectivas en nuestro lenguaje diario, régimen heterocentrado que impone unos patrones de comportamiento en función de la anatomía genital de las personas. Se establece a partir de entonces una dicotomía varón-mujer a l@s cuales se les asocia una serie de palabras, acciones  y pensamientos con una fuerte carga de género que proporciona un valor distinto a cada un@ de ell@s. Así pues nos encontramos con binomios opuestas tales como actividad/pasividad, arriba/abajo, público/privado, individual/colectivo, fuerte/débil…Es aquí donde se adscribe la homosexualidad a la categoría femenina, en contraposición a lo verdaderamente masculino a partir de lo cual se crean las demás categorías inferiores. Estaríamos tentadas, incluso, de señalar al hombre (masculino) heterosexual, blanco y con estudios, como único responsable de la opresión a todas las personas no adscritas a su misma categoría, sin embargo, y he aquí lo peliagudo de la cuestión, este sistema social requiere para su funcionamiento, de la colaboración de todas las personas miembros de la sociedad que de una manera u otra reproducen esquemas que ayudan a mantener estas categorías como si fueran inamovibles y naturales. Este combustible  adquiere varias formas desde acciones, actitudes, maneras de pensar o discursos grotescas y poco disimuladas y que sí son penadas por la sociedad hasta aquellas calificadas de insignificantes que están tan perfectamente integradas en nuestra vida diaria que pasan desapercibidas y son imperceptibles para nuestros filtros.

Es en este contexto donde se mueve la homofobia, desde comentarios y chistes “inofensivos” acerca del jabón en el suelo hasta episodios tan horrendos como los acaecidos en Irak en el año 2009, verdadero homo-icidio que destacó por su brutalidad.

No obstante, este libro no se limita a contarnos una historia del culo, como veníamos diciendo al principio, los autores se reivindican como activistas queer, lo cual se hace sentir en el título y la portada del libro, muy provocadoras, y en el lenguaje utilizado para comunicar fuera de toda elegancia estilística.

¡Un libro que no te dejará indiferente!

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